El proceso suele ser realizado por mujeres. Son verdaderas artesanas que retiran la pulpa seca de los frutos recolectados y, con la ayuda de dos piedras, abren la nuez que se encuentra dentro. Es una técnica muy específica: sólo las conocedoras de esta labor tradicional reconocen cuántos núcleos o semillas contiene cada carozo, y es fundamental aplastarlo de la manera correcta para mantener los granos en el interior intactos. Las semillas machacadas forman una pasta oleosa que, mediante un constante amasado y el añadido de agua tibia, produce el aceite.
Para qué sirve
De color amarillo claro, sabor dulce y fuerte aroma, este preciado aceite es utilizado desde hace siglos por sus propiedades culinarias (a los chicos marroquíes se les daba en el desayuno pan con aceite de argán para fortalecer su organismo) y cosméticas (las mujeres se hacían masajes en todo el cuerpo para la piel).
El secreto del aceite de argán está en su composición: tiene un 80 por ciento de ácidos grasos esenciales que el organismo no puede fabricar. Rico en este tipo de ácidos y vitamina E, diversos estudios científicos demostraron que este aceite de color oro pálido suaviza e hidrata la piel, refuerza su capa protectora y tiene un alto poder antioxidante. Además, restaura la suavidad, la elasticidad y los niveles de humedad a la piel desnutrida, estimula la regeneración de las células y es efectivo para aliviar las quemaduras de sol.
Cómo se usa
La aplicación del aceite es válida en cualquier zona del cuerpo. En la cara, elimina tanto las impurezas como las marcas de la edad o del acné. En el busto, genera una sensación de tonicidad y alivio. Es ideal para ponerte después de la depilación o de tratamientos estéticos, porque evita la inflamación y la sensación de quemazón. Durante el embarazo, previene y trata las estrías. En grietas de talones y manos, reestructura la dermis y devuelve la elasticidad natural.
Pero eso no es todo, el ingrediente tiene propiedades que lo convierten en el aliado ideal para reparar el pelo: se inserta en la capa de la cutícula del cabello, suaviza la fibra capilar y deja un pelo sano, liso y brillante. ¿Otros beneficios? Hidrata sin engrasar, humecta desde el interior, fortalece el cuero cabelludo, previene la caída, repara las fibras dañadas y favorece su regeneración
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