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Si todo habrá de ser como está escrito
¿por qué la espera terca y dilatada?
Algo de ti me aguarda, gravemente.
Algo de mí se escapa
como una inmensa flecha estremecida
a clavarse en tu entraña.
Estás. Y no lo sabes.
Presagiado clamor, señal lejana,
lacerado horizonte, mar, arena,
espejismo que avanza.
Ah, no quiero dejar que nuevamente
la ensombrecida brasa
se vaya circundando, poco a poco,
de cenizas amargas.
Y no quiero el sabor de la ceniza
en mi boca, mañana.
Ya no más, no más grises: ni neblina
ni llovizna ni bruma desolada.
Quiero amarte en el sol, ahora, siempre.
Quiero volver al fuego. Ser la llama.
Alberto Aranda
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