Los hechos delictivos que cada vez con mayor violencia y frecuencia se cometen en nuestro país, abrieron el debate en la sociedad, que busca soluciones a un problema que se ha visto acrecentado por los hechos de inseguridad que se viven en forma cotidiana, pusieron como nunca antes un tema tan delicado como la inseguridad en el tapete de la discusión política.
Todas las encuestas que se han realizado respecto a esta problemática, marcan que casi un tercio de los argentinos ha sido pasible de un delito o por lo menos algún miembro del grupo familiar fue víctima de un delito en los últimos 24 meses, registrándose el valor más elevado de la historia reciente de nuestro país.
Ante el creciente avance de la inseguridad en nuestro país, y luego de los hechos delictivos que vienen siendo portada de los principales medios de la Argentina , las políticas de seguridad encarnada por el gobierno nacional y los provinciales, ha vuelto a ser puesto en tela de juicio, reclamándose cambios urgentes que brinden una solución rápida a tan dramático problema que vive la sociedad.
Un trabajo efectuado por la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), denominado “Estudio de Opinión Pública en Latinoamérica sobre Gobernabilidad y Convivencia Democrática”, se da cuenta sobre las medidas empleadas por las sociedades de la región par enfrentar la delincuencia en el último año.
En el caso de la Argentina , los números dicen que aquellos que no han tenido que enfrentar la delincuencia y por ello no han tomado acción alguna o no han hecho nada, trepa al 50%; los ciudadanos que han instalado verjas y dispositivos de seguridad llegan al 31%; los que han acudido a la Policía el 8%; aquellos que se han organizado comunitariamente llegan al 6%; los que han tomado medidas para enfrentar la delincuencia y para ello han contratado los servicios de policía privada o guardas de seguridad, son el 4% de la población; mientras que las personas que han tomado medidas y para ello ha comprado un arma llega al 1%.
Estos datos contrastan con los números que da la Flacso para toda Latinoamérica, ya que ellos dicen que las personas que han tomado medidas y para ello ha comprado un arma, alcanzan el 3,1%; aquellos que han tomado medidas para enfrentar la delincuencia y para ello ha contratado los servicios de policía privada/guardas de seguridad, trepa al 5,5%; los que se han organizado comunitariamente el 9,6%; los que han instalado verjas y dispositivos de seguridad suman el 20,7%; los que han acudido a la policía el 12,4%; y los que no han tenido que enfrentar la delincuencia y por ello no ha tomado acción alguna/no ha hecho nada, alcanzan el 48,7%.
Cuando no se condena un crimen, se deja abierta la posibilidad de que la impunidad y la demarcación entre lo que se puede y no se puede hacer sea un límite muy impreciso, que la vida deje de ser el valor máximo, de aceptar o no la regla por la cual dio surgimiento la cultura, es decir, una ley que es reguladora del orden social, que por un lado prohíbe y por el otro posibilita.
En un país que ha creado a millones de “desaparecidos sociales”, que son los chicos que se criaron en casas donde sus padres no tenían trabajo y estaban al desamparo total de un Estado ausente, y que se sumergían en la pobreza debido sobre todo a una política económica que viene desde la última dictadura militar, pasando por el neoliberalismo de los '90, que llevaron a una buena parte de la Argentina a una pobreza estructural de la cual costará décadas salir adelante.
En un país donde la educación y la salud están cerradas a una parte de la población, donde la vivienda propia y digna está destinada a unos pocos, donde el trabajo pasa a ser un lujo y no un derecho, y se incentiva más al pillo que está en el poder y hace todo por izquierda en vez de subir peldaños legalmente, todo esto termina siendo el principal caldo de cultivo para que las personas salgan a delinquir.
No sólo quienes tienen una responsabilidad mayor en el trabajo institucional se ven convocados éticamente a trabajar fuertemente en la solución de este flagelo, sino todos los que desean un país sin desaparecidos sociales y con una infancia y adolescencia dignas que permitan el advenimiento de adultos incluidos, dotados de educación, condiciones dignas de vida y trabajo; que, así, puedan transmitir a sus hijos un legado no traumático.
8:02 24/08/2010 - Fuente CNA |