Los economistas suelen definir a la inflación como el aumento generalizado y sostenido de los precios, generalizado porque abarca a todos los productos que hay en el mercado y sostenido porque tiene una duración en el tiempo.
De estas palabras de neto corte liberal es en lo que suelen basarse los defensores del proceso kirchnerista para defender la política económica del gobierno, y asegurar ante quienes lo quieran escuchar que en nuestro país no hay inflación, sino que hay aumentos de precios que no son generalizados sino que son estacionarios de acuerdo a la época del año en que se trate.
De hace un tiempo a esta parte, la inflación está en el tapete de la opinión pública, donde los índices de precios dados a conocer desde el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) son criticados por propios y extraños, y la gente ha dejado de confiar a los mismos para renegar de ellos.
El Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella dio a conocer los resultados de la Encuesta de Expectativas de Inflación (EI) correspondientes a abril de 2010.
A nivel nacional, la inflación esperada por la gente para los próximos doce meses se ubica en 25% según la mediana de respuestas. Si se toma el promedio, las expectativas de inflación llegan a 32,8%. Conforme a la mediana, las expectativas de inflación se mantienen en 25% en el Interior del país y en el Gran Buenos Aires. No obstante, la inflación esperada desciende de 30% a 25% en Capital Federal.
Para los próximos doce meses los analistas macroeconómicos consultados en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el BCRA anticipan que el resultado de la medición del IPC GBA se ubica en 11,2% según la mediana de la distribución de respuestas. De esta manera, la brecha entre el pronóstico de los analistas y las expectativas de inflación del público se ubica en 13,8 puntos porcentuales. Según el promedio, la brecha se sitúa en 19,9 puntos porcentuales. En el REM los analistas responden sobre la variación esperada del Índice oficial, mientras que en la Encuesta de Expectativas de Inflación que realiza el CIF los agentes contestan sobre la variación esperada en los precios. La significativa diferencia entre estas dos medidas continúa sugiriendo la escasa credibilidad que poseen las cifras oficiales.
En agosto, las expectativas de inflación del estrato de mayores recursos se mantienen en 25%. Para el sector de menor poder adquisitivo la mediana asciende 30%. Conforme al promedio, la inflación esperada por el sector de mayor poder adquisitivo se ubica en 30,3%, mientras que para el estrato más pobre de la población llega a 35,1%.
La inflación estimada por el gobierno nacional en la última Ley de Presupuesto aprobada por el Congreso de la Nación , estipula que para todo el 2010 la misma no superaría el 6,1%, algo lejano a lo que piensa la gente, que cuadruplica y quintuplica los índices que el propio kirchnerismo busca instalar en la sociedad.
Diversas instituciones privadas calculan desde 2007 la tasa de inflación. Si bien los datos presentados por cada una de ellas son algo diferentes, lo cierto es que la mayoría evidencia una brecha más que significativa con las suministradas por el instituto estatal.
El aumento cotidiano de precios que la gente vive a diario en las góndolas de todos los supermercados y despensas; el descreimiento sistemático en las cifras que brinda el Indec sobre los datos y estadísticas oficiales; el manejo del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en los temas de la exportación e importación de productos y maquinarias; etc, son algunas de las cosas que hace que la gente dude y tenga sentimiento de que la inflación real será superior a la que pronostica el gobierno nacional.
Según datos privados, de un relevamiento realizado entre los acuerdos logrados por 20 gremios privados en el primer semestre de este año surge que el promedio de incremento que se les otorgó es del 30,4%, cinco veces más que los datos inflacionarios fijados por el gobierno en su Ley madrea fines del año pasado.
Luego de la devaluación los precios han subido (según organismos privados), a un promedio de entre el 250 y el 300 por ciento, y desde el gobierno se han escondido los datos reales a partir del año 2007, que fue cuando se dio la intervención del organismo público. Con todo este tipo de cosas, lo único que se logra es que se pierda el horizonte real sobre las cosas que suceden en nuestro país. Sin números reales el país pierde en credibilidad en sus cifras de crecimiento, lo cual terminó siendo un boomerang muy negativo para los intereses de la Argentina , y eso es algo que el gobierno y las autoridades económicas deben cambiar en forma urgente.
Es cuestión de que la clase política vea lo que sucede a su alrededor y deje de pregonar viejas prácticas denostadas por la población, y se ponga a trabajar seriamente en la necesidad de contar con un país más serio, con estadísticas que digan lo que se vive en la realidad y deje de ser un entramado para intentar consumar hechos electorales. La Argentina merece un cambio de actitud, sino la salida para el descalabro moral, económico, social y político que vive el país, será cada vez más grande y por lo tanto, complicado de sortear.
21:42 17/08/2010 - Fuente:CNA |