Comienzan las clases en todo el territorio argentino. Todavía no se han logrado los 180 días de enseñanza anual, pero avanzamos laboriosamente hacia unos 110 días efectivos, si bien hay algunas jornadas de reflexión, meditación, toma de las instalaciones y juzgamiento estudiantil a profesores de tendencia fascista, que restan algunas horitas de estudio. Pero todo sigue mejorando impetuosamente.
Hace ya diez años que se lanzó el nuevo secundario con innovaciones sensacionales: ¡Lengua, matemáticas e idioma extranjero en todos los años! Algunos pazguatos se quedaron estupefactos, preguntando: ¿pero cuál es la novedad, acaso no ha sido siempre así: lenguaje, matemáticas e inglés en todos los años? No: los alumnos llegaban a tener hasta quince y diecisiete asignaturas. Nunca se pudo precisar en qué consistían. Tal vez por eso los educandos fugaban en masa, buscando un buen empleo de asaltante o dealer.
Ahora todo ha cambiado. Por ejemplo, se agregaron Educación Sexual y Derechos Humanos, reemplazando a las vetustas Higiene e Instrucción Cívica o Educación Democrática. Todo es dinámico, cambiante, sorpresivo.
La siguiente escena transcurre en un aula, a media mañana.
- ¡Señorita, señorita! ¡El alumno Pérez ha cambiado de género!
- Muy bien, querido. Me parece perfecto. ¿Donde está el alumno Pérez, que no lo veo?
- Aquí estoy, señorita. Lo que pasa es que ya no soy Juan Carlos, ahora soy Alice. Por eso me ve así, vestida de esta manera, con la minifalda de cuero y el corpiño de encaje. ¿Le gusta el nombre Alice?
- Siempre que te guste a vos, querida, está todo bien. Cada persona elige su género y desarrolla su vida...
- Pero por favor bórreme el nombre en el libro de asistencias. Porque en ese libro, en el documento y el Registro Civil, yo figuro como Juan Carlos.
- No te preocupes, esas son anotaciones de burócratas circunstanciales.
- Mi papá también insiste en llamarme Juan Carlos.
- ¡Qué poco open-minded! ¿Tu papá no es nieto de un militar o cosa por el estilo...?
- Sí señorita. Mi bisabuelo era... militar.
- ¡Decilo fuerte, no tengas vergüenza, Alice! Vos no tenés la culpa de las cosas que hicieron o pensaron tus antepasados.
- Gracias señorita. Me saca un peso de encima. ¡Sufrí tanto con la elección del género! Tenía dudas. Mis padres me presionaron mucho. Descuidé mis estudios, por la angustia. ¿Se fijó?
- Sí, Alice, claro. No olvides que, además de profesora, yo soy tu tutora. Así que he notado que, tanto en primer año como en segundo y tercero, te llevaste todas las materias a diciembre, marzo y previas. Qué suerte que la escuela no es expulsora sino contenedora de los adolescentes. Con todas esas materias sin rendir, has llegado lo más bien a cuarto año, Alice, y se te ve muy contenta y muy linda.
- Ahora tengo que dar como cincuenta exámenes...
- ¡Ya llegará el tiempo de los conocimientos enciclopédicos, rutinarios y antiguos, acumulados por sabios circunstanciales! ¿Para qué querés saber lo que es un logaritmo, o el Teorema de Tales, o la ley de Lavoisier, o las leyes de Indias, o la Revolución de Mayo?
- ¿Van a hacer una revolución en mayo, señorita?
- No, Alice, mi amor, olvidate. Son cosas de otro tiempo, detalles circunstanciales. Lo importante es que ahora has definido tu género. ¿Hay algo más importante que eso, Juan Carlos?
- Señorita, me llamo Alice.
- Perdón, mi amor. ¡Si yo misma antes me llamaba Ernesto! Desde que elegí mi género, pasé a llamarme Evangelina. Y aquí estoy, muy contenta con mi pareja, Carlos Alberto, que antes se llamaba... ¡Bueno, qué importa! Ya estamos casados y lo demás es... circunstancial.
- Señorita, ¿le puedo pedir algo?
- Claro, mi amor.
- Con todos los chicos hemos pensado que, para celebrar mi elección de género, el viaje de egresados a Bariloche lo podríamos hacer ahora, en abril. En lugar de noviembre.
- ¿Están todos de acuerdo?
- ¡Lo decidimos en asamblea por aclamación, señorita Evangelina! ¡Esto es democracia! Dos meses a Bariloche...
- ¡Bravo, entonces no hay nada que objetar! Yo lo voy a informar a los integrantes del cuerpo docente.
- ¿Estarán conformes, señorita Evangelina?
- Los docentes son circunstanciales, mi amor. Primero que nada están los derechos de los alumnos, que deben iniciar urgentemente su educación sexual. Es la materia más importante del secundario. Y vos, Alice, me acuerdo bien, ya en el jardincito decías que te gustaban los varones. Así que...¡Has recorrido un largo camino, muchacha! No lo olviden, chicos, hay que abrir las cabezas.
- Eso, hay que abrirlas de un martillazo señora. ¡Como que me llamo don Manolo!
- Ay, don Manolo. Como representante del sector no docente y rector del colegio, usted siempre agrega algo oportuno. ¡Son años de guardar las tizas, los punteros y los mapas en el depósito! Gracias, don Manolo. ¡Chicos, a festejar!
En medio de gran algarabía, los estudiantes celebran su nuevo proyecto y comienzan a recaudar fondos para el viaje inminente.
Mientras tanto, los hoteleros de Bariloche aguardan, atrincherados en sus madrigueras.
¡Nunca falta un aguafiestas! Seguramente son señores que no han tenido oportunidad de elegir su verdadero género. Por eso no son open-minded.
8:43 09/03/2010 |