Los hombres "ven" el mundo a través de sus ojos y sus oídos. El olfato es un sentido olvidado. Es tierra de nadie para la medicina, que desde no hace mucho empezó a desandar su error. Porque la pérdida del olfato no sólo impacta fuertemente en la calidad de vida de quien la sufre, sino que puede esconder —coinciden los especialistas— más de 300 enfermedades, desde trastornos psicológicos hasta, en algunos casos, la presencia de tumores.
El olfato perdió protagonismo frente a otros sentidos cuando el hombre se puso de pie, con la bipedestación, y amplió su horizonte. Más lejos del suelo, era hora de confiar menos en la nariz. Y la ciencia médica no lo rescató de la desvalorización.
"Sin embargo, cuando una persona pierde el olfato, cada vez que respira se informa mal. Se altera su percepción de la realidad, y eso puede derivar en depresiones y malestares psicológicos: pierde una fuente de aviso de muchísimos peligros y también una fuente de placer inagotable y baratísima", explica la neurofarmacóloga Matilde Otero Losada, investigadora independiente del Conicet.
Una persona que padece anosmia (la pérdida total del olfato) no podrá saber cuándo se produce un escape de gas. O cuándo está frente a un alimento en mal estado, porque sólo hay cuatro gustos: dulce, salado, agrio y amargo. Todos los otros "sabores" son aromas que provee el olfato.
Si uno se tapa la nariz, el mundo de los alimentos quedará reducido a esos 4 grupos. Y el mundo será "un pañuelo", porque si bien algunos animales detectan alrededor de 400 mil olores, los 10 mil que puede discriminar el hombre no son despreciables.
Las causas más comunes de la pérdida del olfato —un tema en el que la medicina no obtuvo todavía resultados concluyentes— son el envejecimiento y la rinitis alérgica. Si bien la mujer tiene más olfato que el hombre, a partir de los 30 años ambos pierden, en promedio, un 1% anual.
En cuanto a la rinitis, el doctor Samuel Azar, especialista en alergia, explica: "Las alergias producen una alteración de la mucosa nasal, que es la membrana que reviste el interior de las fosas nasales. Más del 30% de los argentinos son alérgicos y un 20% de ellos padece de rinitis alérgica, es decir, resfríos alérgicos crónicos que, después de años de evolución, llevan a la pérdida del olfato, si no total por lo menos en gran medida. Así el paciente disminuye notablemente su calidad de vida." En suma, si se trata la rinitis se previene la pérdida del olfato.
En el mundo no abundan las investigaciones que demuestren en qué medida este problema afecta a la gente. Según anunció el diario El País, de Madrid, recién ahora los españoles van a realizar un estudio pionero para detectar las características olfatorias de su población y los factores que pueden afectar este sentido. Para tal fin, en Cataluña se repartirán 300 mil muestras de cuatro olores encapsulados, con una encuesta pormenorizada. Los médicos esperan recibir unas 15 mil respuestas y los resultados se conocerán en marzo.
En la Argentina no hay datos, pero según asegura el alergólogo Azar, aquí sería aplicable la estadística española que sostiene que el 2% de su población sufre de anosmia, es decir, la pérdida total del olfato que se produce por envejecimiento o por predisposición genética, entre otros trastornos.
Los especialistas en olfato —que en el país se cuentan con los dedos de una sola mano— insisten en que se consulte al médico ante las primeras evidencias de alteración. Porque pueden ser o bien el aviso de un problema local —otorrinolaringológico, por ejemplo—, o bien la causa de algo más.
En los Estados Unidos se realizan olfatometrías (tests de olfato) para la detección del Mal de Alzheimer y de enfermedades parkinsonianas. Es decir, de trastornos neurológicos de tipo cognitivo o motor. "Pero también se demostró que la pérdida del olfato —explica la doctora Otero Losada— aparece en pacientes infectados con VIH. Entonces, hacer monitoreos cada ciertos períodos nos permitiría, frente a alguna alteración del sentido, empezar a tratar la enfermedad más precozmente. Por ejemplo, en el caso de un enfermo de sida, se le podrían suministrar complejos vitamínicos antes del inicio de su deterioro."
Un sentido misterioso
Floral, frutal, resinoso, nauseabundo, a especias y a quemado. Esas seis categorías componen el "prisma de los olores" que propuso Hans Henning (1885), investigador pionero del olfato y el gusto. El interés por el olfato, ese sentido que para la medicina es una asignatura pendiente, ha sido un misterio a descifrar también para botánicos, biólogos y poetas. La sabiduría popular le atribuye cualidades que trascienden el terreno de lo sensorial. El idioma —que no es inocente— fue incorporando lenta e inadvertidamente algunos sugestivos sinónimos de "olfato": sagacidad, instinto, intuición. Un indicio más de su importancia en la evolución humana.
OLOR, EMOCIONES Y SEXO
Recuerdos alrededor de una taza de té
"La pérdida del sentimiento hedónico de la vida es paralela, muchas veces, a la pérdida del olfato", asegura el médico psicoanalista Claudio Chokler. ¿No podría decirse lo mismo frente a la falta de cualquier otro de los sentidos, por ejemplo el de la vista? "No, porque el olfato es el que está más vinculado a las emociones", responde este especialista en neuroinmunoendocrinología.
El aroma de una comida o de un determinado perfume pueden evocar recuerdos con fuerza inusitada. Lo dicen los especialistas y lo han usado de maravilla muchos escritores: "Inmediatamente la antigua casa gris sobre la calle, donde estaba su habitación, se elevó como un decorado (...) y el pueblo entero, con su gente y sus casas, sus jardines, su iglesia y sus alrededores, fue tomando forma y solidez, cobró vida desde mi taza de té", escribió el novelista francés Marcel Proust en su célebre "En busca del tiempo perdido".
Esa capacidad de conmocionar, de volver a vivir "la película", es superior en el olfato —explica Chokler— "porque está directamente vinculado con las zonas del cerebro relacionadas con las emociones. Y llega —a diferencia de los otros sentidos— sin ningún filtro".
La intensidad del recuerdo es tal, tanto en duración como en alcance, que rememorar olores se usa como terapia de rehabilitación en quienes sufren una amnesia temporal, para despertarles la memoria de algún período "perdido" de sus vidas.
Feromonas: el perfume oculto del deseo
"Todo está bien, me gusta, pero no hay química", es una frase que el psicoanalista Claudio Chokler escucha con frecuencia en las terapias de pareja. Y el diagnóstico, dice, suele ser certero porque "la química" no es una metáfora. Esa química depende, en gran medida, de la percepción inconciente de sustancias que llegan por vía olfatoria: las feromonas, que se liberan desde todas las glándulas del cuerpo a través de la piel y que tienen mucho que ver con la atracción entre los sexos.
"Hay olores que se perciben conscientemente, como los perfumes —explica Chokler—. Pero hay perfumes inconscientes que llegan a nuestra nariz sin que lo notemos y que nos provocan cambios de conducta. Es el caso de las feromonas, que no tienen olor. Lo que está próximo a la conciencia lo podemos manejar. Lo otro, nos maneja a nosotros."
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