El abuso sexual es violencia; golpear a una mujer dentro o fuera del hogar es violento; intimidar a una chica por la calle también es violencia. Es violento hablar de “sexo débil” y es violenta la primacía de los hombres en los cargos jerárquicos de las empresas y el Estado. Para la nueva Ley contra la Violencia de Género, el ataque puede ser físico, psíquico, económico, sexual o simbólico y combatir la violencia es, fundamentalmente, prevenir, discutir, poner en juego y capacitar; combatir la violencia de género es, en palabras de la psicóloga rosarina Liliana Pauluzzi, “educar y generar compromiso hacia un cambio social”.
Mientras otras discusiones que involucran a la cuestión de género –como el alcance de la educación sexual y la despenalización de la interrupción del embarazo– permanecen inconclusas para la sociedad, el Congreso de la Nación sancionó la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, sobre la perspectiva de la igualdad real y la democratización de las relaciones entre los géneros.
“A partir de la promulgación de esta ley, el Estado reconoce la violencia contra mujeres como un tipo específico y define las posibles modalidades –física, sexual y psicológica– y en qué ámbitos se puede producir: en el trabajo, en la escuela, en el hospital, en los medios de comunicación o dentro del hogar”, explica la diputada Juliana di Tullio (FPV), una de las impulsoras de la norma.
El texto reconoce el origen de la violencia en la discriminación y propone cambios de fondo en el sistema educativo: desde los textos hasta la capacitación de los docentes, incluyendo la currícula, deberán contemplar la perspectiva de género. Aunque el organismo responsable será el Consejo Nacional de la Mujer, deberá articular las acciones con las áreas que correspondan a nivel nacional, provincial y municipal.
Según la pedagoga Graciela Morgade, especialista en cuestiones de género, “hay provincias como San Juan, San Luis o Catamarca, que rechazan la Ley de Educación sexual. El gobierno de la Nación tendría que garantizar un piso de educación para todos los chicos por igual” .
Para Pauluzzi, presidenta de la Casa de la Mujer de Rosario, el marco legal está a disposición pero faltan avances en otros aspectos, relacionados con la aplicación: “La ley es una mejora clara en lo normativo, pero no existe una voluntad política de los funcionarios nacionales y provinciales para aplicarla en todo el país. Tenemos la ley, pero los profesionales la desconocen, no hay capacitación docente, no hay formación específica para los hospitales que atienden a las víctimas y no hay presupuesto para llevar estas tareas adelante”, señala, y aclara que ese trabajo es el que están realizando a pulmón las organizaciones de la sociedad civil como la que ella preside.
De manera subyacente al marco legal y las voluntades políticas, el debate más caliente tiene que ver con el traslado de la problemática a las aulas. Según Morgade, “es necesario tematizar la violencia contra las mujeres en todos los niveles educativos. En el jardín es posible trabajar con la idea de no tocar o apropiarse del cuerpo de otro si el otro no quiere. En la educación primaria se podrían realizar, entre otras cosas, actividades de divulgación de los derechos de las mujeres”.
Di Tullio opina en la misma dirección en cuanto al espíritu de la legislación que se acaba de sancionar. “La escuela tiene un rol fundamental en el aspecto preventivo. Si se lo dispone, puede transmitir a los niños y adolescentes del país que todos y todas tienen los mismos derechos. Esto influye directamente en la conformación social”, señala la diputada kirchnerista.
Según la mirada de los especialistas, la escuela debe tender a eliminar los estereotipos y las representaciones dominantes como forma de problematizar la cuestión. “En muchos establecimientos, las prácticas cotidianas están sesgadas por sentidos tradicionales en lo que se habla y en lo que no se habla. Por ejemplo, un chico que expresa sus emociones todavía inquieta porque parece homosexual, y la virilidad está determinada por la valentía, la habilidad deportiva o la transgresión”, ilustra Morgade.
Para oponerse a estas imágenes estereotipadas, Pauluzzi propone pensar la cuestión a partir de un criterio de género amplio, “que asuma las variables, planteando una sexualidad no natural”. Con ley o sin ella y con los avances alcanzados en materia de igualdad de derechos en lo que va del siglo XXI, la escuela es un ámbito en el que es difícil intervenir y en el que todavía hay ciertas cosas de las que mejor no hablar.
Por Esteban Kraizer
07:13 p.m. 08/04/2009
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