
Un mundo intacto |
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Circulando por
corpulentos ejemplares de roble pellín y
araucaria, encajonado por la majestuosidad de los cerros, el lago ÑORQUINCO conforma el límite
Sur del Parque Nacional Lanín junto al lago Pihué, el arroyo del mismo nombre
y el Pulmarí, curso que se vuelca en las cuencas del Limay y el Negro.
Desde Aluminé -minúscula ciudad situada a 385 metros sobre el nivel del
mar, entre las sierras de Catan Lil y el cordón de Rucachoroi-, quien desee
alcanzar las costas del lago deberá seguir un camino inverso al de las aguas.
Primero la ruta provincial 23 y luego la 51, que rumbo al paso
fronterizo de Icalma va enhebrando un espléndido rosario de paisajes.
Tras unos treinta kilómetros de buen ripio, aparece ante el visitante
la seccional de guardaparques -con sus paredes de madera y su chimenea- sobre la
cabecera oriental del lago.
Ahí hay que dejar el auto y empezar a caminar por un
senderito.
Quizá con el guardaparque como guía (todo es cuestión de
preguntarle).
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En poco más de dos horas el caminante podrá intimar con la soberbia
naturaleza comarcana.
El primer regalo es la cascada Ñorquinco, que se descuelga desde lo
alto de un paredón de roca basáltica, envuelta por un bosque preñado de humedad.
Si uno se anima a trepar un poco, puede contemplar desde atrás la
caída del agua, al reparo de una oquedad tapizada de musgos, helechos y lágrimas de
arroyo.
Otra vez en el sendero, se puede seguir subiendo o aprestarse a navegar
en canoa o ka-yak propios, repechar el pedregullo costero y gozar de un chapuzón,
opción esta última exclusivamente veraniega. Quienes opten por subir no tardarán en
alcanzar la llamada Cama de la Barda, altiplanicie desde la cual se domina un panorama
imponente.
Frenre a ellos, el caprichoso manchón del lago, los cerros Trelel, Loma
La Meseta y Melipilum, erizados por la fronda andino-patagónica.
A sus espaldas, un bosque puro de araucarias, generoso en ejemplares
milenarios.
Este sorprendente territorio recompensa siempre la curiosidad.
Es fácil toparse con un altar mapuche o descubrir signos de presencia
animal, como cuevas de zorros y revolcaderos de jabalís.
La región del lago Ñorquinco es una de las franjas más atrayente de la
geografía Neuquina.
Sin embargo, no es de las más visitadas. Allí, todavía, se puede
pasar una temporada en compañía de lo silvestre.
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