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Los pupitres cedieron el paso a las salas con computadoras.
Los actos escolares tienen mejor producción porque los chicos utilizan todos los medios a su alcance.
El tintero sólo puede ser rescatado por algunos nostálgicos.
Los uniformes, los recreos y hasta los sueños de los estudiantes son distintos.
Lo que continúa es el desvelo de los padres; ahora muchos deben adaptarse a la doble escolaridad.
Del tintero a la computadora
Con la pluma y la palabra
Escrita con aciertos y desaciertos, sacrificios e indiferencias, la historia educativa de los últimos 60 años en nuestro país modificó ampliamente la vida cotidiana.
Antes, los chicos de primaria eran blancas palomitas, los del secundario, aquellos muchachos que, por ejemplo en las escuelas técnicas, usaban a diario útiles complejos como el compás y la escuadra.
En 1958, con la reimplantación de la ley nº 1420, que anunciaba la admisión de miembros laicos en el Consejo Nacional de Educación, se vivió uno de los primeros grandes cambios.

¿Pero que pasaba en casa?
El guardapolvo blanco era de uso obligatorio, así que había que tratar de mantenerlo impecable.
Lo cual era difícil en épocas del tintero.
Las madres conocián todas las fórmulas para lidiar con las manchas de tinta.

Los chicos iban con menos útiles a la escuela.
Hoy, las mochilas -incluso con rueditas- desafían a cualquier columna vertebral.
La enseñanza privada se expandió y la doble escolaridad impone horarios rigurosos para padres e hijos.
Y las computadoras hogareñas llegaron para quedarse.

Lo que quedo en el tintero

Este tintero de baquelita con pluma cucharita fue muy popular en los años 50.
El modelo pertenece a 1955, cuando también los ábacos eran indispensables para que los chicos se familirizaran con las sumas y restas.

El contador que aparece en imagen es de 1950 y está fabricado en madera.
Volviendo al tintero, ya el acta de la independencia había sido firmada por una pluma humedecida en uno de ellos.

¿Hasta cuándo se usaron?

Podrían haberse reemplazado en 1943 cuando apareció en escena el bolígrafo (que primero desplazaría a la pluma y luego a la estilográfica).
Pero en los colegios continuó utilizándose.
Alumnos de la década del 50 y hasta de principios de los 60 usaban la recordada pluma cucharita.

Los libros que se usaban
Priviligiados, de enero de 1954. Los símbolos patrios en primer plano y algo muy familiar por esos años: las figuras de Perón y Evita, hasta para aprender a leer. También, Upa, de mayo de 1951, un clásico de las primeras lecturas.

De pupitre en pupitre
Los pupitres eran de madera, con patas de hierro y con forma y tamaño adaptados a sus usuarios. En algún momento se los consideró nocivos porque limitaban movimientos. Hoy, chicos como los de algunos Colegios pueden acceder a computadoras.

Guardapolvos blancos
A partir de 1942 se impuso el uso obligatorio de los guardapolvos blancos en alumnos, maestros y personal directivo de las escuelas.
Merece una reflexión el porqué del color blanco.
El sistema educativo argentino se basó en el caso francés, que incluyó modelos oscuros, de tonalidades variadas y de confección casera. En Francia los llamaban tabliers, y tenián un uso de protección y de ocultamiento de la ropa.
Lo curioso es que en aquél país no fue obligatorio, no se dictó una norma para imponerlo entre los estudiantes.
Y, además, no generó una industria textil que acompañara su evolución. Aquí, en cambio, según algunos investigadores, se impuso el color blanco porque el costo de las telas de ese tono eran más bajos, y porque también se relacionaba con la higiene, además de ser un buen conductor del calor.
Paralelamente, se desarrolló una industria textil que los puso cada vez más al alcance de todos los bolsillos.

Enfrentamientos
Las protestas signaron varias etapas de la educación argentina. Durante el gobierno de Arturo Frondizi, a partir de 1958, se planteó uno de los enfrentamientos: educación laica o religiosa.
La carpa blanca se armó en 1997 como símbolo de varios reclamos docentes.

Curiosidades
1948 Entre los útiles escolares, se destaca la aparición de la cinta transparente. "Pega como por arte de magia" anunciaba su publicidad. Pegaba sin humedecerse.
1949 Un lujo para cualquier profesor era la estilográfica Artifex de Luxe, venía con garantía de 10 años, costaba 75 pesos y su pluma era de oro macizo.
1960 L a Olivetti modelo estudio 44 se promocionaba por su "ligereza y la elegancia de la portátil".
1970 Los guardapolvos Palomita Blanca alcanzan popularidad: no hacía falta plancharlos.
Luces y sombras de la fragmentación en el sistema educativo

*Por INES DUSSEL
En 1945, los niños que iban a la escuela usaban el delantal blanco, llevaban un maletín con sus útiles, libros y cuadernos, y algunas bolitas para jugar.
Seguramente iban a una escuela pública cerca de su casa, en la que probablemente aprendieran, además de lo básico, religión, inglés o francés, y complicadas nociones de historia y geografía que debían memorizar.
En la escuela, compartían los días con otros chicos distintos: los hijos de la portera, los que vivían en el inquilinato, los hijos de profesionales, y hasta el hijo del industrial del barrio.
Las prohibiciones taxativas formaban parte de la cultura represiva, pero es cierto que les planteaban a esos niños el desafío de crecer, de llegar a grande para ser libre. Desde ese momento, muchas cosas cambiaron en la educación y en la vida de los argentinos.
La escuela argentina, al transferirse a las provincias, dejó de ser nacional. Crecieron significativamente las escuelas privadas, que en algunas jurisdicciones y niveles albergan a casi la mitad de la matrícula escolar.
Hoy, aunque a la escuela van muchísimos más chicos y chicas, no es tan común que se crucen con otros distintos: la fragmentación del sistema educativo en circuitos diferenciados para cada sector social hace que, cada vez más, los pobres se eduquen con los pobres y los ricos con los ricos, y que la educación que reciben no tenga la misma calidad.
Ya nadie va a la escuela de punta en blanco, y tutear a los maestros es la regla. Los libros de texto perdieron el monopolio del saber, y su lugar lo ocupan las fotocopias, las carpetas, a veces las computadoras y la televisión.
Los noños saben mucho más del mundo que sus padres y abuelos gracias a las nuevas tecnologías; discuten, argumentan y piden explicaciones como sujetos de derecho, pero también se abren espacio como consumidores precoces.
Hay ganancias y hay pérdidas en esta relación más horizontalizada entre las generaciones.
Quizás, el interrogante más fuerte es si hoy está clara la ventaja de crecer, y de cruzarse y aprender con los otros.

*Coordinadora del Area de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO), Argentina.

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