ARGENTINA
El sitio del humor y las buenas costumbres
1983 | 2003
20 años de democracia

1983 - 1989

La esperanza inicial
Al principio, la sociedad acompañó hasta entusiasta el renacido estado de derecho, luego de 8 años más negros de la historia del país. Sentía que Alfonsín marcaba la recuperación de la dignidad, mientras "las viudas de la dictadura", los comandantes de las juntas militares, quedaban repudiados. El enjuiciamiento de esas cúpulas, y sus condenas, consolidaron la esperanza. Aunque luego llegó el "Punto Final" a los juicios.

1989

La era Menemista
Las revueltas "carapintadas", pero sobre todo los desvelos de una realidad económica y social frente a la cual la política cedió espacios de decisión fueron minando la esperanza, a medida que crecía la inflación, la deuda externa y la pobreza. Alfonsín debió dejar el gobierno en julio de 1989, seis meses antes de finalizar su mandato, jaqueado por esa realidad y los saqueos provocados por la desesperación social y los activistas justicialistas. Comenzaba la era de Carlos Menem, electo en mayo, con su carisma particular (disfrazado de buena persona), y el protagonismo de su vida personal y familiar, que tras su rápida y sonada pelea con su esposa Zulema colocó a su hija en el papel de primera dama.

1989 - 1995

Corrupción y convertibilidad
Pese al fervor inicial, los primeros meses del menemismo minaron su popularidad. Los casos de corrupción, el peso de las figuras de su entorno, como el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo y la persistencia de la hiperinflación, lo persiguieron hasta marzo de 1991, cuando Domingo Cavallo y la convertibilidad, con su efecto de estabilización económica, reabrieron expectativas. En 1993 pudo pactar con Alfonsín una reforma constitucional, concretada en 1994, que le permitió la reelección un año después.

1995 - 1999

Se rompe el embrujo
La reelección de Menem marcó también el comienzo del fin de su encanto. Muy poco después de la elección llegaba el impacto del índice de desocupación, 18.6 por ciento, como la evidencia más tangible de los problemas del modelo neoliberal. La estabilidad económica mantenida a costa de un permanente endeudamiento, las privatizaciones oscuras de las empresas de servicios públicos y nuevos hechos de corrupción -con su cuñado y colaborador Emir Yoma como símbolo- fueron terminando con el consenso de un Presidente que, contra todo, intentó forzar una nueva e inconstitucional posibilidad de reelección.

1999 - 2001

La fugaz alianza
Con el casi indisimulado sabotaje de Menem, el caudillo bonaerense Eduardo Duhalde vio frustrado su sueño de llegar a la Presidencia, derrotado por la Alianza creada desde 1997 por los radicales y la centroizquierda del Frepaso. La imagen de aburrido de Fernando de la Rúa, acompañado en la fórmula por el frepasista Chacho Alvarez, no impidió el triunfo atado a la promesa de cambiar el rumbo de los 10 años de Menem.  Tal vez por sus íntimas convicciones, De la Rúa no se animó a cumplir su promesa. Chacho decidió bajarse de sus responsabilidades cuando estalló un escándalo por supuestas coimas en el Senado. Cuando la situación económica y social amenazaba con descontrolarse, De la Rúa insistió en reiterar fórmulas y confió en algún nuevo golpe de magia de Cavallo. Menem, para entonces, ya pensaba que la suerte volvía a llamarlo, y daba un nuevo golpe de efecto con el casamiento con la vistosa y trepadora joven chilena Cecilia Bolocco.

2001 - 2002

El gran caos
La prestidigitación de Cavallo ya no tenía efectos. Estaba agotado el modelo que él mismo había construido desde los tiempos de la dictadura. La mezcla de desindustrialización, endeudamiento, fuga de capitales, corralito cambiario y crecimiento de la pobreza fue contundente. La protesta social, la respuesta represiva del gobierno, terminaron con el mandato de De la Rúa y con la convertibilidad. Duhalde se preparaba entre bastidores para llegar a la Presidencia, aunque tuvo que esperar el fin de un vertiginoso y caótico desfile de compañeros: los dos días de Ramón Puerta, la semana de Adolfo Rodríguez Sáa y las horas de Eduardo Camaño.

2002 - 2003

La hora de Duhalde
Con el apoyo del PJ bonaerense, Duhalde inició su mandato provisorio para completar el de De la Rúa con más dudas que certezas. Para reemplazar la covertibilidad confió primero en un cavallista como Jorge Remes Lenicov, hasta que debió recurrir a un ecléctico de bajo perfil, como Roberto Lavagna. Pudo neutralizar la bronca de los ahorristas, pero no su propia impaciencia frente a la protesta de los desocupados. El 26 de junio de 2002 el operativo represivo del Gobierno provocó la muerte de dos piqueteros en el Puente Puyrredón. La gravedad del caso obligó a adelantar seis meses -de diciembre a mayo de 2003- su abandono del Gobierno, aunque se dio tiempo para calmar los ánimos y armar un esquema de continuidad política potable.

2003

El PJ se reordena
El diseño duhaldista consistió en evitar el retorno de un Menem gastado, pero todavía ambicioso. Después de intentos frustrados con Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, Duhalde construyó una alianza con el más duro de los jefes provinciales del PJ, el santacruceño Néstor Kirchner. La alquimia del PJ, para evitar un triunfo menemista en una interna tradicional, consistió en ir a las elecciones generales con tres candidatos: Menem, Kirchner y Rodríguez Sáa. Una manera de neutralizar, además, las amenazas que planteaban dos ex radicales: Ricardo López Murphy y Elisa Carrió.
En la primera vuelta electoral, en abril, ganó Menem pero con sólo el 23% de los votos. Pero el ex presidente rehuyó la batalla del ballottage, que le preanunciaba una derrota, y Kirchner quedó consagrado presidente electo.

Una nueva expectativa
La asunción de Kirchner, el 25 de mayo, tuvo características inéditas. Acompañado por sus colegas Lula, de Brasil, Hugo Chávez,  de Venezuela, y Fidel Castro, de Cuba, se mostró más personal que lo que había insinuado antes. Mantuvo a Lavagna como ministro de economía y trabajó su propio perfil con medidas iniciales de impacto, como la modificación de la cúpula militar, el impulso a los juicios políticos contra jueces menemistas de la Corte Suprema y el apoyo a la declaración de nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Mantiene un alto índice de popularidad aunque todavía no pudo mostrar grandes cambios en materia de economía social.